"Si un doctor, un abogado o un dentista tuviera a treinta personas o más en su oficina a la vez, todas con diferentes necesidades y algunas que no quieren estar allí y el doctor, abogado o dentista, sin ayuda, tuviera que tratarlos a todos con excelencia profesional durante diez meses, entonces podrían tener una idea de lo que es el trabajo del docente en el aula". (Kathy A. Megyeri. "Chocolate Caliente para el Alma de los Maestros")

¡Me encanta el olor a tiza por las mañanas...!


21 de febrero de 2011

Crónica del filete empanao

Tengo la suerte de encontrarme en un centro donde el alumnado es, por lo general, bastante bueno. Es por ello que mis clases suelen desenvolverse con la mayor normalidad, interrumpida muy de vez en cuando por una necesaria llamada al orden. Sin embargo, suele haber un momento a lo largo del curso académico, en el que parezca que todo el universo se haya cofabulado contra tí.
La ecuación suele repetirse: Te vas a la cama y, sin saber por qué, esa noche no te duermes, pasan las horas, miras el reloj... ¡uf! las cuatro de la mañana, y entro a primera.... Suena el despertador justo un par de horas después de haberte quedado profundamente dormido.... En fín, ¡vamos allá! ¿Ehhhh...? ¡Mierda! (No hay café... o leche).
 Coges el coche... No sabes por qué pero ese día la gente va pisando huevos más de lo normal... ¡joder! , ¿No te puedes parar en otro lado a soltar al crío? / ¿Pero por qué no vas más deprisa?. Llegas al centro con la hora justa, justo cuando suena el timbre. Ese día va a ser horroroso, tienes 5 horas de clase. Sin embargo te queda tiempo para mosquearte con la tonta de inglés o el gilipollas de tecnología que, no sabes por qué, pero no te saluda... Será que al ser de letras no lo entiendo...
Llegas a clase, el ambiente está enrarecido, y no tiene nada que ver con que hayan tenido antes Educación física... No, quizás tenga que ver con el tiempo (miras a la ventana y ves un cielo gris plomizo y un airazo superdesagradable), o por esa extraña conjunción de factores. Lo cierto es que parezca que el de la cafetería les haya metido algo raro en el bocadillo. Y empieza la lucha, con un tono socarrón y paternalista... Chicooooooooooos... venga va.... venga chicos, que empezamos.... Crhistiaaaaaaaaan.... venga vamos, Daviiiiiiid ¿Quieres sacar el libro ya?.... Veeeeeeeeenga, vaaaaaamos. En ese momento te das cuenta de que hasta la "empollona" está hablando... Te llevas bien con ellos, pero en ese momento te acuerdas de la noche que has pasado, que no te has tomado el café, que casi llegas tarde, que has discutido con compañeros, de facturas, de la muela que te duele... y es cuando el mismísimo Ozzy Osbourne te susurra a la oreja... ""Suéltalo..." . Y lo sueltas...





Se hace el silencio en el aula... Pero ya nada volverá a ser lo mismo en esa clase, ni en ninguna de las demás durante ese día...  porque ya estás cabreado para todo el día, a gusto, pero cabreado, hasta el día siguiente.

Y es al día siguiente cuando empiezas a notar esos síntomas... atchíssssss, qué manos más frías tengo.... Tengo los pies helaos ... -¡Profesor... qué mala cara tienes hoy!-  ¡Gracias nene! (Tu puta madre) . arghhh... como me duele la garganta. Estos síntomas suelen durar un par de días o tres, y los solemos controlar gracias al Frenadol y a los cafés calentitos de la cafetería... Sin embargo, hay veces en que ni el mismísimo médico imputado en la operación puerto te salvaría... Te levantas, te miras al espejo, sacas la lengua... como un filete empanao... Madre mía, tragar saliva es un suplicio y te das pena de tí mismo (¿Por qué nos ponemos tan tontorrones cuando estamos resfriados?). Ese día vas al médico y te dice.... ¡Agárrate!. "Caballero/Srta. Tiene Vd. un buen resfriado..." ¡Tócate los cojones, eso ya lo sabía yo!. En fín, que el resto ya lo conocéis, y las consecuencias de estar saliendo de tal episodio y dar clases... A veces no te curas del todo, y vuelves a caer... Eso me ha pasado a mí, y ya estoy de leche con miel y colacaos calenticos hasta el gorro... En fín, tiempo, al tiempo.

Dedico esta reflexión en voz alta  a todos vosotros que, a pesar de los quebrantos en vuestra salud, váis a trabajar sacando fuerzas de flaqueza, pensando más en los exámenes y chavales que en vosotros mismos (olé vuestros cojones/ovarios), aunque a veces, el cuerpo diga basta y os toque parar... Es lo que me ha pasado a mí.


6 comentarios:

  1. Recuerdo algo similar hace unos meses, cuando tuve faringitis y estuve cinco días afónica perdida. Aguantando el tirón.
    (y luego me pregunto, de paso, si mereció la pena, porque ni agradecido ni pagado).

    En fin, que te mejores!!

    Un saludo.

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  2. Vaya diita compañero! hay que cuidar nuestra garganta. hace poco me recomendaron caramelos de tomillo, no se si mejorará mi garganta, pero están buenos.

    Salud!

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  3. Negre, claro que no va a venir nadie a agradecérnoslo. Es más, tal como están las cosas, hay que tener cuidado con quedarse reposando sin justificante médico. Gracias, trataré de mejorarme, aunque llevo ya... uffff mucho tiempo.

    Pedro, ten cuidao con esos caramelos que crean adicción... Además son un vicio caro. Yo los compro en una tienda de golosinas cerquita de mi casa, al peso. Y sí, suavizan la garganta, aunque más efectivo es no pegar voces ;)

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  4. Vaya, es un consuelo ver que somos unos cuantos tontacos. Porque que yo sepa nadie te agradece que vayas a trabajar en esas condiciones.

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  5. Tú lo has dicho Ana, es lo que tiene dedicarnos a esto por vocación...

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  6. Lamentablemente es asi ,nadie reconoce el esfuerzo que se hace cuando pasamos por esta situaciòn,se puede decir que se hace por vocaciòn o tambien es la responsabilidad misma que hace comportarnos asi.Katia

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