"Si un doctor, un abogado o un dentista tuviera a treinta personas o más en su oficina a la vez, todas con diferentes necesidades y algunas que no quieren estar allí y el doctor, abogado o dentista, sin ayuda, tuviera que tratarlos a todos con excelencia profesional durante diez meses, entonces podrían tener una idea de lo que es el trabajo del docente en el aula". (Kathy A. Megyeri. "Chocolate Caliente para el Alma de los Maestros")

¡Me encanta el olor a tiza por las mañanas...!


15 de diciembre de 2009

Los crucifijos

Los cristianos están sufriendo un nuevo martirio por la retirada de los crucifijos de las aulas, ese es el mensaje con el que no están bombardeando ahora desde la caverna, sacando las cosas de quicio con argumentos del tipo... "¿Qué será lo próximo...? , ¿Quitar las cabalgatas de los Reyes Magos?", o cayendo en argucias legales al sustituir el crucifijo por la crucifixión de Velázquez o Dalí, cuando no en ilegalidades al encomendar a las comunidades la potestad de decidir o la posibilidad de retirar los símbolos sólo si hay petición de los padres...
¡Gilipolleces...! en un estado aconfesional no cabe un crucifijo en el aula, y me remito a Estrasburgo... A pesar de lo que pueda parecer, hace tiempo que soy tolerante...
La religión tiene su utilidad para el que la profesa, hay gente que realmente cree en algo y eso le ayuda en el día a día e incluso a superar una enfermedad. Le da esperanza, satisfacción o consuelo. No se trata de ir contra el representado, ni siquiera contra la representación (que a menudo es arte), sino contra el poder de quienes dicen representar esa creencia.
La iglesia no tiene poder absoluto sobre sus creyentes. La mayoría de los que se consideran cristianos ni siquiera son practicantes, y muchos otros se desvinculan de la iglesia, no siendo por ello peores cristianos.
Eliminar los símbolos religiosos de las aulas es un acto de tolerancia, cultura y madurez democrática. ¿Es eso atacar a la iglesia? ¡Desde luego que sí!, es atacar a su poder, pero con toda la razón de la ley, y toda la razón de ser de un estado aconfesional.
España madurará cuando empecemos a cumplir toda la legislación de nuestra Constitución, cuando el argumento "es que es una tradición..." deje de tener, como tiene para muchos, un valor similar al de la ley escrita.









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