"Si un doctor, un abogado o un dentista tuviera a treinta personas o más en su oficina a la vez, todas con diferentes necesidades y algunas que no quieren estar allí y el doctor, abogado o dentista, sin ayuda, tuviera que tratarlos a todos con excelencia profesional durante diez meses, entonces podrían tener una idea de lo que es el trabajo del docente en el aula". (Kathy A. Megyeri. "Chocolate Caliente para el Alma de los Maestros")

¡Me encanta el olor a tiza por las mañanas...!


3 de diciembre de 2009

Somos humanos


¿Puede un profesor coger manía a un alumno? Decididamente sí. Esto ocurre porque, contrariamente a lo que much@s alumn@s creen, los profesores tenemos sentimientos. No nos desconectan como robots almacenados en el cuarto de la limpieza y no somos reprogramados para aparecer allí a las 8:30 de la mañana del día siguiente. Como cualquier persona, tenemos sentimientos e inquietudes; reímos, lloramos, pensamos, nos enfurecemos...
Soy una persona que puedo definir mi relación con mi alumnado como bastante buena. Mantengo una relación cordial con ellos y en clases gozo de su respeto. Sin embargo, de vez en cuando se cruza en tu vida un garbanzo negro... Seamos francos, existen los garbanzos negros.
Creo en la multiplicidad de oportunidades y creo en las personas. Sin embargo, hay días en que mando toda mi fe en el ser humano a tomar por donde amargan los pepinos.
Gozo, cuando viene a mis clases, de la compañía de un garbancito negro que hoy ha conseguido agotar mi paciencia. En su momento, le aprobé mi asignatura en septiembre (sin estar aprobado por supuesto) para que pudiera promocionar. Teniendo en cuenta que era en la que más se acercaba al 5 y que así podría conseguir su título y marcharse a trabajar... no me importó... Craso error.
Al cabo de los años nuestros caminos vuelven a cruzarse. Después de un año desastroso, en el que no aprobó ni un sólo examen, y tras mendigar el aprobado merced a su habilidad de utlizar sus quebrantos, pasó al duelo. Tras una reclamación rápidamente tramitada, vió como su nota se quedaba en la mitad, debiendo repetir curso junto a otras dos asignaturas.
Curso nuevo, vida nueva, actitud nueva  -pensé-; pues no, lejos de cambiar, su manera de ser se ha acentuado. El garbancito negro ha desarrollado la capacidad de embestir sin pensar, de no escuchar las explicaciones que recibe, de escribir reclamaciones a diestra y siniestra, de envalentonarse, bufar, aspaventear e -incluso- sangrar por los ojos.
Paradójicamente era un alumno al cual solía ayudar. Lo hice hace años y lo seguía haciendo. Cualquiera de sus exámenes tendría la mitad de la nota si lo corrigiese cualquiera de mi departamento, le llenaba de anotaciones su examen para que comprendiese en qué había fallado y qué le había faltado... Su manuscrito estaba lleno de inmensos errores (esos que al leerlos te producen una mezcla entre risa, estupor e incomprensión) y alrededor de 60 faltas de ortografía...  Pero aquí vuelve Don erre que erre, en su efervescente pubertad, el la cima del mundo, pero con mi asignatura (y el resto de las que cursa) suspensa.
Pues así se va a quedar, suspenso. A mi no me falta más el respeto, ni vuelve a dar golpes, ni me bufa a dos cuartas, ni me vuelvo a tomar las molestias que me tomaba en explicarle en qué había fallado... Total, mientras más lo hago, más cerca estoy de un desenlace previsible (que me suelte una hostia y yo, aunque me suspendan temporalmente, le suelte dos).Para eso están las reclamaciones. Al fín y al cabo, va a seguir sacando aún menos nota... 

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