Hablar en clase se ha convertido en un acto tan natural como lo es respirar. Lamentablemente no podemos esperar que la mayoría de sus comentarios tengan, siquiera, algo que ver con nuestras alocuciones, o que practiquen eso que los orientadores llaman "escucha activa". Es algo institucionalizado que hemos aprendido a interiorizar. No concibo que una clase pueda trabajar diez minutos realizando actividades en absoluto silencio, me siento incómodo, como si pasara algo... El ambiente escolar, ese run run es incluso hasta sano, siempre que no derive en la más absoluta anarquía, siempre que podamos explicar y no nos importe escuchar algún que otro comentario o pregunta cada par de minutos... Una explicación en el más absoluto silencio durante quince minutos (si alguien lo consigue) creo que no es tan efectiva como presuponemos.
Es por ello que uno se sorprende con algunos comentarios durante las evaluaciones (algún día hablaremos de ellos, podríamos escribir incluso un libro) del tipo... "es que cuando están haciendo actividades hablan..."; ¡Claro que hablan! No hay que sorprenderse ni alarmarse si a la vez están trabajando. Cierto es que algunas tareas requieren especial concentración, pero también es cierto que el silencio se verá roto cuando alguno quiera preguntar una duda al compañero de al lado... Es hasta deseable.
Por eso me sorprendo con este tipo de quejas cuando la situación no es la de algunas clases donde sí hay absoluta anarquía y dar clase durante diez minutos puede provocarte una afonía.
De modo que no me parece que haya que invocar el golpe de remo en estas situaciones tan cotidianas, ni que sea motivo de queja en una jefatura de estudios... No me parece que la amenaza sea la manera de enseñarles cómo escuchar y cuándo, en qué momento y de qué manera se pueden expresar.

"Si un doctor, un abogado o un dentista tuviera a treinta personas o más en su oficina a la vez, todas con diferentes necesidades y algunas que no quieren estar allí y el doctor, abogado o dentista, sin ayuda, tuviera que tratarlos a todos con excelencia profesional durante diez meses, entonces podrían tener una idea de lo que es el trabajo del docente en el aula".
(Kathy A. Megyeri. "Chocolate Caliente para el Alma de los Maestros")


